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El guardián invisible

Lo primero que voy a deciros a todos aquellos que estéis leyendo esto es… que no deberíais estar leyendo el post.

En lugar de eso, deberíais estar leyendo El guardián invisible, de Dolores Redondo.

Es uno de los mejores libros que he tenido el placer de leer recientemente, y para mi gusto es una de las mejores novelas del género policiaco. Sin coletillas, nada de ‘el género policiaco de producción nacional’, ni siquiera de ‘el género policiaco en castellano’, o de ‘el género policiaco en los últimos tiempos’.

Es un libro sobresaliente en todos los aspectos; la presentación de la trama, una serie de asesinatos en el norte de España, se hace con la dosis justa de detalle morboso y silencio ominoso que hace que el lector dé lo mejor de sí mismo, pintando con su imaginación el cuadro más terrible posible, sintiendo de manera irrefrenable el horror, la fascinación y el temor a partes iguales a medida que la narración avanza.

Unos personajes veraces, posibles, cercanos. Desde las páginas de El guardián invisible los personajes de la obra se convierten en personas de carne y hueso, con aspiraciones, sentimientos y sueños. Personajes que tienen relaciones en muchos casos profundas, complejas y antiguas, algo que el lector puede percibir casi desde el primer momento.

A esta mezcla, ya espectacular, se añade un nuevo ingrediente que separa a este libro del resto del género, una huella que la autora imprime en cada página dejando una pátina indeleble. Y es la incorporación de la mística propia de la tradición vasco-navarra de una forma sutil a lo largo de la novela, en diferentes conversaciones y situaciones.

Personalmente, no era consciente de la riqueza y la profundidad de esta cultura; de las lamias, los basajaun, la diosa Mari, o las temibles belagile; conceptos que de forma casi imperceptible la autora nos va presentando hasta que pasan a ser completamente familiares, de los que se sirve para introducirnos aún más en la mentalidad y las costumbres de los personajes de las novelas, y que además le permiten imprimir esa huella que antes mencionaba.

Un libro que nos invita a reflexionar sobre las costumbres y la religión, y en cómo afectan a las personas que las practican. Que nos invita a reflexionar sobre las relaciones familiares, especialmente las maternofiliales, y que se apoya en estas reflexiones para enfrentarnos a temas tan sensibles como la esterilidad, que presenta de una forma cruda y terrible, consiguiendo que incluso las personas más alejadas de esta situación consigamos empatizar con la mujer que sufre por no ser capaz de traer al mundo al bebé que tanto desea.

Un libro que nos enseña la fortaleza de la que las mujeres son capaces de una forma que, especialmente a los hombres, no deja de sorprendernos.

Si tuviera que sacarle una pega al libro, sería relativa al inspector Montes, uno de los personajes del libro. Es un personaje con una problemática interesante, que la autora utiliza como vehículo en ciertos aspectos de la trama, pero que aparece de una manera quizás demasiado plana y artificial. ¿Qué os parece? ¿Estáis de acuerdo?

En cualquier caso, como habréis podido notar a lo largo del post, el libro me ha entusiasmado; si habéis llegado hasta aquí (¡y eso que dije al principio que no lo hicierais!) os invito a que lo leáis con nosotros.

Por mi parte, me quedo con ganas de más, así que en cuanto publique este post voy a leer con AlquilaLibros la segunda entrega de la trilogía, ‘Legado en los huesos’. No pienso dejar que lo cojáis antes que yo, ¡que los libros vuelan!

Alberto Gimeno

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