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La chica del tren

Leer la chica del tren ha sido una experiencia interesante.

Un libro de lectura rápida y fácil, que no deja de plantear disyuntivas interesantes al lector. Un libro en el que se nos enfrenta a un crimen desde las perspectivas de tres personajes diferentes, tres mujeres en situaciones vitales profundamente distintas a través de cuyos ojos la autora nos invita a asomarnos a los abismos de cada una de ellas.

La relevancia de la apariencia física en el día a día de una mujer, la insatisfacción con la vida, presente, pasada, y futura, la intensidad de los sentimientos maternos o la adicción son sólo algunos de los temas que de manera sutil el libro presenta ante nuestros ojos, enseñándonos a sus lectores lo mejor y lo peor de cada uno de los personajes, jugando con nuestra capacidad de sentir aversión y empatía de forma intermitente, e incluso en ocasiones de forma simultánea, hacia los mismos.

En la historia vivimos dos líneas temporales, una que comienza poco antes del crimen del que es objeto la novela, y que avanza codo con codo con la investigación del mismo, y una segunda línea que comienza aproximadamente un año antes enseñándonos quiénes son las personas implicadas en la historia, y de qué manera sus vidas y decisiones acaban desembocando en los sucesos que ya conocemos.

Contar una historia mediante saltos temporales suele ser una apuesta arriesgada, en la que el
autor debe tener cuidado para hacer al lector consciente en cada capítulo de qué está ocurriendo en cada momento, dándole un marco de referencia que le permita asimilar de forma natural la información. En este sentido, La chica del tren es un buen ejemplo de cómo utilizar esta técnica narrativa con éxito y llevarla a buen puerto.

Otro punto que llama la atención de la historia es la referencia recurrente a España a lo largo del libro, una referencia que habitualmente va cargada de una dosis de romanticismo e idealización que difícilmente pasa inadvertida al lector, mucho menos si éste es de origen español. Es cuanto menos interesante comprobar las reflexiones que personas de otras nacionalidades hacen sobre nuestro país, y en este caso no deja de arrancarnos una sonrisa.

A los futuros lectores de La chica del tren que se encuentren leyendo estas palabras, les planteo un pequeño desafío. ¿Cuántas páginas necesitáis para identificar al culpable?

No dejéis de leerlo con AlquilaLibros, podéis alquilar La chica del tren aquí.

¡Disfrutad la lectura!

Alberto Gimeno

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